Alhama de Granada

Alhama de Granada

Descripción

El aire se torna más liviano al tomar rumbo al sur por la carretera A-402 hacia Alhama de Granada, una ruta que asciende hasta cotas de ochocientos metros sobre el nivel del mar a lo largo de vastas planicies surcadas por los ríos Cacín y Alhama. Al filo de una hoz rocosa cortada por el río, aparece la ciudad, como una piña rematada por la torre de la iglesia. Su estampa, serrana, evocadora, medieval, hace justicia a su legendario pasado y a la estima de que gozó entre los viajeros y artistas románticos. Si Loja fue llave de la Granada nazarí e Íllora su ojo derecho, Alhama fue sin duda su joya más querida, cuya pérdida fue la más llorada.

Camino de los Ángeles
Camino de los Ángeles
De sus primeros pobladores dan fe los hallazgos de las cuevas de la Mujer, del Agua y de los Molinos, en los cañones del río, donde se han encontrado enterramientos, enseres y útiles datables desde el Neolítico a época romana. Algunos autores la identifican con la romana Artigi, en un emplazamiento privilegiado tanto por su estratégica ubicación en el camino entre la vega granadina y la costa malagueña como por la existencia en el lugar de un manantial de aguas termales. Estas aguas justificarían el nombre, al-Hamman, dado a la localidad en el período andalusí, la etapa que marcó su florecimiento urbano.

Al igual que otros territorios circundantes, la zona de Alhama recibió en el siglo VIII un notable contingente de árabes sirios que formaron la aristocracia local. Fluctuando entre Granada y Málaga, encuadrada alternativamente en las coras de Elvira o de Rayya, su fortaleza ya es citada en las crónicas desde el año 921, cuando su «señor» aceptó someterse al poder de Abd al-Rahman III. Alcanzaría su apogeo, sin embargo, más tarde, al constituirse el reino nazarí, convirtiéndose en una de sus principales ciudades, un pivote esencial en el camino entre la capital granadina y el puerto de Málaga. El lojeño Ibn al-Jatib alabó sus bondades en el siglo XIV: «(es) tierra de abundante caza... Sus trigales parecen trozos de oro. Posee baños termales, cuya agua devuelve la salud a los enfermos y que pueden usar toda clase de personas, ricas y pobres... Entre los peñascos de sus montañas fluyen manantiales de agua dulce y de buenísima calidad...».

Al fin, la apacible vida de la próspera villa nazarí se truncó por sorpresa en 1482. Confiada a retaguardia, mientras su alcaide se hallaba en Vélez Málaga invitado a una boda, fue asaltada en un audaz golpe de mano dirigido por el marqués de Cádiz, en represalia por el ataque a Zahara de los granadinos. Los sucesos de su conquista adquirieron tintes legendarios, por el arrojo de los contendientes y las escenas que tuvieron lugar. Tras escalar un muro y apoderarse del castillo, los cristianos avanzaron en reñida lucha por calles, barrios y mezquitas. Las expediciones de socorro y los asedios para reconquistarla resultarían vanos; los castellanos se afianzaron en la plaza, empleándola para apoyar campañas y emprender correrías. Su pérdida señaló, en las conciencias y en el terreno militar, el inexorable y definitivo crepúsculo del reino de Granada. La fisonomía de la urbe se modificó a tenor de los nuevos pobladores, que reforzaron sus murallas y elevaron templos, como la monumental iglesia de la Encarnación, edificios públicos y casas solariegas, legando un formidable conjunto donde la herencia andalusí se compagina con la de los siglos modernos.

Monumentos

Monumentos

Castillo, murallas

La ciudad amurallada andalusí, la medina, ocupaba la peña que sobresale atajada por el cauce del río, en torno a la iglesia de la Encarnación y la plaza de los Presos. En su mayor parte, el dispositivo defensivo, consistente en paños de muralla con torres y alcazaba, se levantó en época nazarí, entre los siglos XIV y XV. Aún se distinguen fragmentos de muralla, como el de la calle Adarve de los Remedios, y el castillo, heredero de la alcazaba, remodelado a mediados del siglo XIX, en las inmediaciones del paseo Montes Jovellar, la principal área de acceso del antiguo casco intramuros, por donde se hallaba la desaparecida puerta de Málaga.

Iglesia Mayor de Santa María de la Encarnación

La poderosa torre de esta iglesia, establecida probablemente sobre la mezquita mayor, es el punto de referencia visual de Alhama, el hito emblemático que señala y preside su casco antiguo. Comenzada a fines del siglo XV e inicios del XVI, su estructura general es gótica, con una sola nave de amplias proporciones bajo bóvedas estrelladas de nervadura y potentes contrafuertes al exterior. Si en su diseño primitivo pudo influir Enrique Egas, arquitecto de los Reyes Católicos, en 1505 consta ya la intervención de Bernardo Ximénez, quien ejecutó la capilla mayor y dos tramos de la nave según trazado de Diego Martínez y Rodrigo Hernández; en 1507, participan en la obra el cantero Pedro de Azpeitia y Pedro Díaz de Salazar, artífices de capillas y bóvedas. A la fábrica gótica del templo se añadieron después elementos de estilo renacentista, como el coro y los cuerpos superiores de la torre, y el detalle renacentista de la portada meridional, antepuesta a la original de líneas góticas. La iglesia cobija en su interior un patrimonio artístico de notable valía que incluye una rica colección de piezas textiles de uso litúrgico –algunas de ellas bordadas, según afirma la tradición, por la propia reina Isabel –, pinturas –como el Descendimiento y Cristo sin rostro, una interesante obra tenebrista –, esculturas –la Inmaculada de la escuela de Los Mora –, y el púlpito, decorado con motivos de inspiración mudéjar.

Casa de la Inquisición

Su fachada de cantería destaca a espaldas de la iglesia mayor. Esta mansión de fines del siglo XV constituye un excelente ejemplo del estilo gótico isabelino, con portada labrada en piedra, rematada por una artística ventana geminada.

El Pósito

Frente a la torre de la Encarnación, en la que fue Plaza Real, la plaza mayor, hoy de los Presos, se dispone el compacto bloque de sillería de este histórico edificio, uno de los testimonios más significativos de la ciudad medieval. En principio, hacia el siglo XIII, fue sinagoga, convirtiéndose en el XVI en pósito, granero comunal de la población.

La Cárcel y el Hospital de la Reina

La nómina de edificios públicos en las inmediaciones de la plaza se completa con la cárcel y el Hospital de la Reina. Una inscripción en la fachada de la prisión recoge su año de construcción: 1674, durante el reinado de Carlos II. Los Reyes Católicos fundaron el Hospital de la Reina, el primer hospital de sangre del reino de Granada, al poco de la conquista. El edificio, iniciado hacia 1485 y remodelado hacia 1540, combina influencias mudéjares, góticas y renacentistas, con un patio porticado y estancias con techos de vigas decoradas con lazos.

Iglesia del Carmen

Ubicada en el extremo occidental de la ciudad antigua, forma parte de un extinto convento de carmelitas. Su obra, que se dilató entre los siglos XVIy XVIII, articula un atractivo conjunto que va del sobrio clasicismo manierista al barroco más recargado. El templo es de planta rectangular, con techo de armadura de madera y capillas laterales; en sus portadas campean los escudos de la nobleza de Alhama, y cúpula sobre el crucero decorada con pinturas al fresco. Particular interés revisten el camarín de la Virgen, detrás del altar mayor, y la capilla de Jesús Nazareno, típicas realizaciones del barroco churrigueresco granadino del siglo XVIII. El claustro conventual se adosa a la iglesia, con galerías de arcos de medio punto en dos de sus frentes.

Paseos y alrededores

Paseos y alrededores

El aura de historia y leyenda que envuelve la ciudad se percibe en su plenitud al transitar los recodos del casco antiguo. Plazas, calles y adarves quebrados del Barrio Árabe donde se descubren la iglesia mayor, el pósito, la cárcel, el hospital, la añeja fuente del «caño Wamba» –del XVI, con las armas de los Reyes Católicos y Carlos I –, los restos de la iglesia de las Angustias, y un reguero de casas solariegas timbradas con la heráldica de los linajes que repoblaron Alhama. Súbitamente, el caserío se corta ante la fantástica panorámica del Tajo, la hoz horadada por el río Alhama, con casas colgantes sobre el acantilado, silos y mazmorras excavadas en la roca, senderos inverosímiles como las escaleras del Diablo, y los caserones de los molinos hidráulicos. Más allá del Carmen crecen calles rectilíneas, también con mansiones linajudas, hasta el voluminoso edificio, entre renacentista y barroco, que fue convento de San Diego.

Los jugosos alicientes de la población se prolongan en los alrededores. Río abajo salva la corriente un puente romano del siglo I a. C., camino de los famosos baños árabes, el Balneario, que aparece al final de una pintoresca garganta, resguardado por la frondosa vegetación de sus jardines. El aprovechamiento de sus aguas termales, indicadas para afecciones traumatológicas (reuma, artrosis, artritis...) y vías respiratorias, se remonta a los romanos. Sobre la obra de éstos construyeron los musulmanes hacia el siglo XII los magníficos baños que todavía perviven, con una hermosa sala central, donde surge el manantial con arcos de herradura y bóvedas esquifadas. Al sur de la localidad se alinean los relieves, que superan los 2000 m., de las sierras de Alhama, Tejeda y Almijara, límite de las provincias de Granada y Málaga. 40.663 has. de su superficie han sido declaradas parque natural por su enorme valor ecológico, dada la variedad de sus hábitats naturales, con áreas de matorral y pastizal de alta montaña.

Plano turístico

Iglesia Mayor de Santa María de la Encarnación
Casa de la Inquisición
Castillo, murallas
El Pósito
Iglesia del Carmen
La Cárcel y el Hospital de la Reina

 

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