Écija

Écija

Descripción

El primer poblamiento estable conocido en el espacio que ocupa la Écija actual se remonta, según las investigaciones más recientes, al siglo IX a.C., en la transición de la Edad del Bronce Final al período conocido como Hierro I. A partir de los testimonios literarios y epigráficos que han llegado hasta nosotros, se puede proponer que el nombre de esta población indígena sería Astigi, núcleo que prolongará su existencia a lo largo de la época turdetana hasta la fundación de la colonia romana a finales del siglo I a.C.

Efectivamente, hacia el año 14 a.C. el emperador Augusto asentará en Astigi a soldados veteranos procedentes de tres legiones, fundando la ciudad que recibirá el nombre de colonia Augusta Firma, concebida como capital del conventus Astigitanus, unidad administrativa cuyo extenso territorio llegaba por el Este hasta el nacimiento del río Genil, en Sierra Nevada.

La colonia alcanzará un notable desarrollo durante la época romana, merced a su ubicación estratégica en el cruce entre la vía Augusta y el río Genil, curso navegable en aquella época, así como a su doble condición de capital administrativa y centro productor y exportador de aceite de oliva a gran escala.

En época tardoantigua, Astigi se mantendrá como una de las principales poblaciones de Hispania, como evidencian no solamente los testimonios arqueológicos documentados en el casco urbano, sino también, por ejemplo, la participación activa de la sede episcopal astigitana en los concilios hispanos desde finales del siglo VI.

En 711, Astigi será la primera ciudad peninsular en ser conquistada por el caudillo bereber Tariq ibn Ziyad, siendo conocida en adelante como Istiyya en las fuentes árabes. Del período andalusí destacan sobre todo los episodios relacionados con las revueltas lideradas por Umar ibn Hafsun, ya que será Istiyya una de las poblaciones que se alinearán con el rebelde en contra de Córdoba. Como resultado, la ciudad será capturada dos veces, primero por las tropas de Abd Allah, en mayo de 891, y después por las de Abd al-Rahman III, en enero de 913. En esta última ocasión, la conquista supondrá la demolición de sus murallas, junto con el puente sobre el río Genil.

El 3 de mayo de 1240, Istiyya se entregará al rey Fernando III, concediendo el monarca a sus moradores el mismo fuero de Córdoba, que será confirmado en 1282 por su hijo Alfonso X, quien había ordenado el repartimiento del núcleo urbano y su término en 1263 entre los pobladores cristianos.

Pedro I concederá a Écija, por su fidelidad a su persona, el fuero y privilegios de los que gozaba Sevilla y, más tarde, en 1386, el rey Juan I le otorgará el voto en Cortes. Ya a principios del siglo XV, en 1404, Enrique III le dará el título de ciudad. A finales de la centuria, durante la guerra de Granada (1482-1492), Écija desempeñará un papel destacado, siendo sede de la Corte en varias ocasiones y aportando a la empresa hombres y provisiones. Más adelante, en 1521, junto con otras poblaciones andaluzas se posicionará del lado de la Corona frente a la revuelta de los Comuneros castellanos, integrando la llamada Confederación de La Rambla, lo que le merecerá el título de Muy Noble y Muy Leal.

A pesar de la importancia que tuvo la nobleza en la ciudad desde la conquista cristiana hasta las postrimerías de la Edad Media, el Concejo ecijano mantuvo en todo momento sus privilegios, solicitando constantemente su confirmación por parte de la Corona, beneficiándose singularmente, por ejemplo, de la política de los Reyes Católicos encaminada a fortalecer los Concejos municipales.

Durante la Edad Moderna, contamos con nutrida información relativa a la actividad artesanal ecijana y su organización en gremios. Así, desde el siglo XVI se conservan ordenanzas gremiales, siendo las más antiguas conservadas las de carniceros, curtidores y zapateros, de 1541. Estas organizaciones profesionales alcanzarán su máximo desarrollo en el siglo XVIII, citándose en una relación de 1755 hasta 68 gremios. Además de la importante actividad agrícola y ganadera que comparte Écija con las poblaciones de su entorno en la Campiña sevillana, en el campo industrial hay que destacar sin duda la actividad textil. Baste citar al respecto que, según un acta capitular de 1686, existían en la ciudad doscientos telares para la manufactura de la lana, trescientos para la del lino, y quinientos para la de la seda.

La importante actividad económica protagonizada por Écija en el siglo XVIII es precisamente la causa última del esplendor de la arquitectura barroca en la población, de la que contamos con importantes testimonios de todo tipo, tanto en ámbitos privados como religiosos. En la siguiente centuria, con una actividad económica ya más discreta, llegarán las innovaciones técnicas traídas por la Revolución Industrial. Así, en 1879 se inaugurará la línea ferroviaria Écija-Marchena, y en 1897 la ciudad contará con su primera fábrica de luz.

En el siglo XX se realizaron importantes reformas urbanísticas como la apertura de la Avda. Miguel de Cervantes y la transformación en bulevar de un tramo de la antigua carretera nacional IV. En 1966, el municipio astigitano es declarado Conjunto Histórico-artístico, reconocimiento que determinó la obligación para el municipio de redactar un Plan Especial de Protección del área afectada por la citada declaración.

Monumentos

Monumentos

El pasado señorial de Écija nos ha legado una ciudad dominada por sus grandiosas torres y cúpulas barrocas. La zona monumental de nuestro Écija invita al visitante a pasear por sus plazas y calles, entrar en sus palacios, iglesias y conventos para admirar uno de los centros artísticos más importantes de Andalucía.

Hay que destacar como monumentos más relevantes de Écija al Palacio de Peñaflor (XVI-XVIII) con una imponente fachada decorada con pinturas al fresco; el Palacio de Benamejí, sede actual del Museo Histórico Municipal, que conserva importantes piezas arqueológicas; el Palacio de Valdehermoso, edificio decorado con una interesante portada plateresca del siglo XVI; el Palacio de Santaella, que tiene en su elegante cúpula barroca su elemento más destacado, y el Museo Casa-Palacio de Palma, donde se pueden contemplar sus magníficos artesonados de lacería mudéjar.

En lo que a la arquitectura religiosa se refiere, es obligado enumerar varios templos como la Iglesia de Santiago, construcción del siglo XV realizada en estilo gótico-mudéjar; la Iglesia Mayor de Santa Cruz, cuyo flamante museo de Arte Sacro expone una interesante colección de orfebrería barroca. Otro templo relevante es la Iglesia de la Concepción, popularmente conocida como 'El Hospitalito' que también dispone de un valioso artesonado de lacería mudéjar del siglo XVI. La céntrica Iglesia de Santa María, construida en la transición del estilo barroco al neoclásico, tiene en la capilla sacramental y la colección arqueológica de su claustro –entre cuyas piezas se encuentra la Cabeza de Germánico– sus atractivos más relevantes. Del siglo XV es un antiguo palacio mudéjar con portada de estilo Manuelino, que desde 1655 es el Convento de las Teresas. Para finalizar nuestro recorrido monumental, sugerimos la visita a la Iglesia de San Juan, cuya torre barroca es, en opinión de muchos ecijanos, la más emblemática del conjunto astigitano.

Aunque Écija es uno de los centros artísticos más importantes de Andalucía, mucho más que un municipio declarado Conjunto Histórico-Artístico de excepcional belleza... es un lugar para saborearlo, al igual que su exquisita gastronomía, que mucha gente desconoce. La gastronomía ecijana es un reflejo de su historia, y está íntimamente relacionada con la cocina andaluza, utilizando los ingredientes que produce la fértil huerta astigitana. Entre los platos principales podemos destacar el gazpacho, el salmorejo, las espinacas labradas, el rabo de toro, la cazuela de espárragos trigueros, los flamenquines, la 'sopa de gato', etc. En lo que a dulces se refiere, el visitante puede escoger entre las famosas yemas 'El ecijano' o la más exquisita repostería conventual. De entre todas las especialidades que se preparan en sus obradores, sobresalen los 'bizcochos marroquíes' de las Concepcionistas Franciscanas ('Las marroquíes') del Convento de la Santísima Trinidad; las tortas de almendra, las rosquillas trenzadas y las trufas de avellanas de las Madres Dominicas del Convento de Santa Florentina; los dulces de pera en almíbar, bizcochos y miel de abejas, productos elaborados en el Convento de San José por la comunidad de Carmelitas Descalzas ('Las Teresas') y los tocinos de cielo, flores de miel, roscos fritos y 'borrachuelos' del Real Convento de Santa Inés.

Otra actividad que conviene resaltar es la artesanía local, que tuvo un gran auge en el siglo XVIII –considerado el 'Siglo de Oro ecijano' gracias a la riqueza económica y creativa que experimentó el municipio– cuando existieron en Écija numerosos gremios entre los que sobresalían los de la seda, la lana y los artísticos, extendiéndose su prestigio a nivel nacional. Hoy en día, la artesanía local, de excelente técnica y acabado, está representada por la guarnicionería, cerámica, ebanistería, forja y bordados en oro.

Desde la antigüedad, el caballo ha sido uno de los elementos más representativos y emblemáticos de Andalucía. Ecija se ha destacado siempre por su cultura del caballo, como símbolo e imagen de una gran ciudad, está indiscutiblemente unida al caballo, .es la cuna de grandes ganaderías. Los caballos andaluces son muy apreciados dentro y fuera de España. A lo largo de la historia el caballo andaluz ha tenido un papel fundamental en la formación de razas equinas europeas y americanas, como el caballo hispano-árabe, caballo hispano-bretón, el lipizzano, el criollo, el Paso Fino, el Peruano de paso, el Mustang y el caballo lusitano.

La ciudad de Ecija ofrece un amplio abanico de posibilidades cuyo eje central es el caballo, no en vano viene siendo referencia clara en el desarrollo de distintos eventos hípicos destinados unos al ocio y otros a las competiciones del más alto nivel. Espectáculos, cursos, cacerías, visitas a ganaderías emblemáticas. La doma clásica, doma vaquera, el rejoneo, concurso completo de equitación, de salto, el raid, y los enganches son una prueba inequívoca de la riqueza arraigada en nuestra localidad que nos permite disfrutar de la belleza de este noble animal.

Es amplio el abanico de razas equinas que podemos encontrar en Ecija, siendo la más arraigada y definida el Pura Raza Español, que ocupa un importante lugar en la disciplina de doma clásica y enganche. No menos importantes son las razas Hispano-árabe, Anglo-árabe y por supuesto el Pura Raza Arabe, razas que por su funcionalidad e idoneidad destacan en las disciplinas de doma vaquera, rejoneo, salto, completo y raid.

La primavera es una época muy adecuada para conocer Écija y pasear por sus calles de balcones floridos mientras se respira el agradable olor a azahar que desprenden sus naranjos. Esta época del año coincide con la celebración de la Semana Santa, fiesta declarada de interés turístico. Otra celebración importante es nuestra Feria, con numerosas casetas populares y concurrido paseo de caballos. El 8 de septiembre sale en procesión la Virgen del Valle, nuestra patrona. El otoño también resulta interesante para venir a conocernos, ya que en esta época se celebran eventos culturales como 'Écija, ciudad barroca', el mercado barroco y visitas guiadas –con diferente temática– a los monumentos y lugares de interés turístico más interesantes. Otras fiestas y actividades relevantes son la Procesión y lectura del milagro de San Pablo en enero, el Desfile de Carnaval en febrero o marzo, las Cruces de Mayo y el Corpus Christi.

Aunque, cualquier época es perfecta para venir a Écija, ciudad donde la grandeza se conoce...

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